Autor: Javier Pérez

Autor: Javier Pérez

Mi nombre es Javier, soy un onubense de 38 años que aunque en mi carta de presentación figuren los estudios de Filología inglesa y Comunicación Audiovisual, de lo que más orgulloso puedo sentirme es de mi currículum viajero y de la cantidad de experiencias que el viajar me ha proporcionado a lo largo de mi vida.

Esto fue lo que me llevó a fundar Viajando Diferente, una agencia de viajes alternativos en la que no serás un turista, serás un viajero.

Los 10 pueblos más bonitos de Europa (Primera entrega)

Si hace unas semanas te traía el listado definitivo de los pueblos más bellos de nuestro país, ahora ampliamos el radio al “viejo continente”. Aquí la elección ha sido más dura, pero estamos satisfechos con el resultado. ¡Espero que hagan mayores tus ganas de conocerlos, viajero!

Hallstatt (Austria)

Este pueblecito alpino de postal se encuentra ubicado en la orilla del lago que recibe su mismo nombre. La imagen de su torre presidiendo el lago y respaldada por un séquito de casitas de madera con tejados de pizarra sobre la ladera de la montaña la han convertido en un icono para amantes de la fotografía.

Uno de los principales atractivos del pueblo es subir en funicular a las minas de sal. Desde tiempos remotos este mineral fue el motor de la industria local explotado ya por los pueblos celtas, y hasta hace relativamente poco sólo se podía acceder a él, a través del mar, lo que ha influido bastante en la conservación de todo su casco antiguo.

Conques (Francia)

En el corazón de Midi-Pyrénées se encuentra el que para muchos es el pueblo francés que encabeza el ranking de los municipios más bellos del país galo. Su estructura ha permanecida intacta durante los siglos, y probablemente parte de la culpa la tenga su ubicación en un entorno de complejo acceso en mitad de una zona escarpada y montañosa.

 De estilo medieval, con casas entramadas de tejados de pizarra salpicados por brotes de musgo y con su iglesia abacial de Santa Fe como epicentro de la villa, Conques, destaca como parada obligatoria para todos los peregrinos en el camino de Santiago francés.

 Un paseo por sus calles hará que te detengas en el tiempo y que desees que nadie te despierte del sueño que, por unas horas, estás viviendo como protagonista.

Castle Combe (Reino Unido)

He aquí el mejor exponente del elenco de pueblecitos que componen la campiña inglesa, o también conocida como, la región de Las Cotswolds.

Construido a base de roca jurásica, y prácticamente encapsulado en el tiempo, Castle Combe nos recibe con sus robustas casas de piedra gastada y color miel que contrastan con las verdes colinas llenas de vegetación que lo rodean.

 De él destacan su coqueta plaza o “Market Place”, su calle principal: “The Street”, su puente sobre el río Bybrook conservado en perfecto estado, y su iglesia medieval con cementerio.

Fiskebäckskil (Suecia)

Difícilmente hayas podido escuchar el nombre de esta peculiar aldea sueca de pescadores de poco más de 400 habitantes en alguna agencia del sector o hayas leído algo sobre su existencia en alguna guía de viajes. Nosotros hemos tenido la suerte de visitarla en un par de ocasiones y te la queremos presentar para que la incluyas en tu lista de “futuribles”, ya que nada tiene que envidiarle a cualquiera de las otras propuestas de esta lista.

Para dar con este remanso de paz debes llegar en coche a la isla de Skaftö, a poco más de una hora de Gotemburgo y una vez allí, dejarte perder por sus callejuelas salpicadas de las típicas casitas nórdicas de madera rojas y blancas, sus molinos de viento, su cementerio sobre una pradera de hierba, y las tranquilas aguas donde descansan las embarcaciones locales, obsequiándonos con una estampa marinera que se nos quedará en nuestra retina para siempre.

Schiltach (Alemania)

Del corazón de la Selva Negra emerge Schiltach como si sacado del cuento del Flautista de Hamelín o de Hansel y Gretel se tratara. Pocas guías lo destacan dentro de la región, cosa que me parece injusta ya que no tiene nada que envidiarle a los Triberg , Gengenbach, o Sasbachwalden, bastante más laureados y recomendados por las oficinas de turismo.

Cruzada por dos ríos (el Schiltach y Kinzig) y repleta de casitas con entramados de madera a sus dos orillas que nos recuerdan a las granjas de los Playmobil de antaño, juega a seducirnos desde un primer instante. En una visita a Schiltach no podemos pasar por alto su Plaza del Mercado repleta de casitas bastante bien conservadas, que datan los siglos XVI al XIX, su ayuntamiento y su Museo de la Madera, eje industrial durante muchos años de la localidad.

 Trogir (Croacia)

Si tienes pensado llevar a cabo un viaje a los Balcanes, grábate a fuego el nombre de “Trogir”.

En plena república croata y bañada por las aguas de la costa de Dalmacia, se encuentra esta isla de poco más de 1 Km2 donde se alberga el casco histórico de la villa. A ella sólo se puede llegar por tres puentes y el estado de conservación de sus iglesias, murallas y caserones de estilo renacentista y barroco, es óptimo.

Tampoco pasarán inadvertida sus calles empedradas, sus plazoletas y mil rincones que hacen, que no en vano, la ciudad haya sido nombrado como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Colmar (Francia)

Como si de un cuento de hadas se tratase, Colmar intenta envolverte en su atmósfera desde el primer momento en que entras en contacto con ella.

Esta encantadora población francesa de la región de La Alsacia te invita a perderte deliberadamente por sus calles para topar con barrios tan interesantes como el de “La Petite Venise” mojado por sus canales y puentes, el “Barrio de los Pescadores” o por su gran mercado cubierto.

Sus casas de colores llamativos con entramados de madera, su cantidad de flores y jardines adornando cada recoveco de su casco antiguo te pondrán muy difícil no volver a visitarla una segunda vez.

Manarola (Italia)

Suspendido entre el cielo y el mar de Liguria, cuelga de un acantilado este pintoresco pueblo pesquero perteneciente al Parque Nacional italiano de Cinque Terre.

Por su clima mediterráneo, su multitud de senderos junto al mar por los que hacer rutas de trekking, sus irresistibles trattorias, sus sabrosas raciones de “fritto misto”, y sus fotogénicas y escalonadas casitas de colores, se nos presenta como el plan perfecto para hacerle una visita en cualquier época del año.

Giethoorn (Paises Bajos)

Si hay un pueblo que destaque por encima del resto en Holanda, este es sin lugar a dudas Giethoorn. Colmado de canales, puentes, barquitas e infinidad de casitas a sus orillas con elaborados techos de paja y cuidados jardines hacen que un paseo por sus calles suponga toda una batería de sensaciones para el afortunado visitante.

El hecho de que prácticamente no exista tráfico rodado y de que todos los desplazamientos allí se lleven a cabo en bote o en bicicleta, le da por si fuera poco, un plus de tranquilidad que lo convierten en ese lugar placentero y soñado al que seguramente has deseado escapar en alguna ocasión.

Oberhofen am Thunersee (Suiza)

Hablar de Oberhofen es hacerlo de su singular castillo del siglo XIII, que lo encontramos casi flotando sobre las aguas del lago Thun. Nadie cuestiona que estamos hablando del pueblo con más encanto y que mejores fotografías nos deja de todo el Cantón de Berna y, si me apuras, del país helvético al completo.

 A parte de sus típicas casitas alpinas escalonadas construidas con madera, y de la frondosa naturaleza que lo rodea, el lago supone para la localidad la mayor fuente de vida y riqueza. No es raro encontrarlo lleno de amantes del deporte en los meses de verano practicando todo tipo de actividades acuáticas.

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