Pocos son los lugares que en la actualidad se salvan de la globalización y del turismo de masas, pero su remota ubicación en mitad del Atlántico norte, y la escasez de oferta hostelera de la que dispone, unido la dificultad para llegar vía aérea hasta allí han hecho posible que este paraíso terrenal constituido por 18 islas siga siendo un fortín imperturbable para el turista medio.

Este país nórdico de apenas 50.000 habitantes aún considerado una región autónoma de la corona de Dinamarca ha sabido preservarse del resto del planeta y mantiene sus raíces vikingas presentes en cada momento del día a día de su cotidianidad.

Si la naturaleza es devoción para ti, estás de enhorabuena. Las Islas Feroe no tienen nada que ver con todo lo que hayas podido visitar hasta el momento. Este grupo de islas en su conjunto son un manantial de verde y de frescor que penetrarán en tu retina para siempre y no se borrarán jamás.

El listado de atractivos que este archipiélago ofrece es inagotable: grandes lagos, imponentes cascadas, pequeños caballos feroeses, frailecillos, faros, acantilados, aldeas remotas petrificadas en el tiempo, formaciones rocosas de formas impensables, fiordos, calitas perdidas donde hacer un alto en el camino o pueblitos pesqueros con sus puertos y espigones de postal.

La población está muy diseminada y el mayor núcleo de población se asienta en su capital Tórshavn, que con sus poco más de 13.000 habitantes ostenta el título de ser la capital más pequeña del mundo. Pero aun refiriéndonos a ella como “capital”, no transmite nunca la sensación de masificación, asemejándose más bien a una aldea de cuento de hadas formada por un conjunto de casitas diseminadas de muñecas.

Sus casas de colores llamativos recubiertas de madera y con sus tejados llenos de hierba son otra seña de identidad inconfundible de la cultura feroesa que contribuyen a dar la sensación de estar delante de una maqueta más que de un pueblo real.

Pero una de las características que hace único a este archipiélago es la red de galerías y carreteras subacuáticas que hacen posible la comunicación entre islas y que han convertido esta auténtica obra de ingeniería en un motivo por el que presumir sin complejos ante el resto del mundo.

Ni que decir tiene, que este factor va a favorecer mucho a los tiempos y a la movilidad durante un viaje que, de tener que depender sólo de ferries tendría una logística mucho menos operativa.

De este modo, limitaremos la subida a alguna embarcación a alguna ocasión de manera voluntaria para hacer sólo ciertas visitas como la de los Acantilados de Vestmanna.

Si buscas una experiencia de vida y no un viaje convencional, has dado con el destino que buscabas. El senderismo, la contemplación y la ausencia de ruido o bullicio se convertirán en la tónica predominante de nuestro viaje.

Ve preparado para mojarte porque la llovizna hace acto de presencia con más frecuencia de la que pensamos, pero gracias a ello ese manto verde radiante que luce con esplendor en cada rincón de las islas puede hacerlo con tal nivel de belleza.

En lo referente a visitas no nos vamos a aburrir ni un segundo, el catálogo de opciones para disfrutar de nuestra estancia no nos defraudará y probablemente nos quedemos con la sensación incluso de haber necesitado más días.

Entre sus muchas bondades, una de las más perseguidas por los objetivos más exigentes y a la que sin duda tenemos programado una excursión, será la cascada de Gasadalur, con una caída al mar brutal de más de 50 metros de altura y que con total seguridad conseguirá cortarnos la respiración.

Pero para cosas curiosas tendremos que hacer la visita imperdonable al pueblo de los enanos, una aldea digna de un relato de J. R. R. Tolkien que cubierta por el musgo y la hierba se encuentra flanqueada por un anfiteatro de cerros y bañado por una lengua de mar que aparece entre las montañas como habiendo sido dibujada a posta.

Otro de los momentos clave de nuestra expedición será la ruta senderista que después de casi 3 horas de caminata nos llevará al lago de Sørvágsvatn, una de las imágenes más vistas en internet y el mayor atractivo de la isla de Vágar. La ubicación tan especial del lago unido al efecto espejo que este provoca y a sus grandes dimensiones hacen de este un enclave inigualable que nos enamorará desde el minuto cero.

A las Islas Feroe no le faltan paisajes dramáticos para ambientar series épicas. Uno de los muchos es Trøllkonufingur, que se traduciría decir como “el dedo de la mujer troll”. Este pilar de roca de 313 metros de altura se eleva en la costa sureste de la isla de Vágar. La leyenda cuenta que la bruja quería arrastrar a las Islas Feroe hasta Islandia y quedó petrificada al amanecer (ya que los trolls son criaturas nocturnas).

Descubrir la Isla de Mykines nos dará la oportunidad de conocer a sus más adorables habitantes que no son otros que la gran colonia de puffins o frailecillos, siendo esta uno de los lugares de mayor concentración de estas aves del planeta.

No faltarán jornadas en las que pongamos en práctica el arte de “pueblear” que tanto nos gusta. Algunos de los pueblitos anotados en nuestra lista de “indispensables” son Nolsoy, Tjornuvik o Gjogv, este último asentado sobre una garganta que lo parte en dos y que visualmente hablando nos deja una fotografía impresionante.

Pero no te lo vamos a contar todo ni mucho menos y queremos que seas tú el que lo descubras por ti mismo. Si crees que estás preparado para perderte por estos confines del mundo después de tres vuelos y un desplazamiento previo hasta Málaga, habrás acertado porque va a tratarse sin lugar a dudas de uno de los viajes de tu vida.
¿QUÉ SABER ANTES DE IR?
Queremos recalcaros que Feroe es un destino caro, muy caro, y exclusivo y que por tanto la operativa que llevemos a cabo para intentar ahorrar un puñado de euros va a ser notable. Nos hospedaremos en dos casas típicas de la zona en dos grupos de seis con el fin de poder cocinar nosotros mismos la gran mayoría de las veces y minimizar los altos costes de los pocos hospedajes y restaurantes feroeses que hay disponibles para los turistas. Os daremos la opción de llevar comida desde aquí para intentar compensar aquellos precios prohibitivos.

Llegar hasta un lugar tan remoto tan poco es tarea fácil, teniéndonos que subir a tres aviones distintos y haciendo dos escalas, pernoctando a la ida en un hotel próximo al aeropuerto de Ámsterdam (Ya incluido en los costes del viaje). Todo esto debe ser contemplado si pensabas que por tratarse de Europa llegar hasta allí sería más rápido y sencillo 😉