Hay viajes que se hacen para descansar, otros para desconectar y otros que, sencillamente, se hacen para vivirlos. Madeira pertenece a estos últimos.

Una isla pequeña en el mapa, pero gigantesca en paisajes, donde en apenas unos kilómetros puedes pasar de un océano azul profundo a un bosque envuelto en niebla, de una levada escondida entre montañas a un pueblo de casas blancas y flores, o de una piscina natural excavada por la lava a un mirador suspendido sobre el Atlántico.

Y eso es precisamente lo que queremos hacer durante estos cinco días: recorrer Madeira de una manera muy especial, combinando naturaleza, pueblos, aventura, gastronomía y esos lugares que cuando los ves en una fotografía piensas: “yo quiero estar ahí”.

Nuestro punto de partida será Funchal, la elegante y animada capital de Madeira. No queremos limitarnos a dormir allí: vamos a callejear por su centro histórico, descubrir sus fachadas, sus grandes murales de arte urbano en cada esquina, sus plazas y rincones y acercarnos al famoso Mercado dos Lavradores, donde se mezclan frutas tropicales, flores, pescado y productos locales en uno de los espacios más característicos de la ciudad.

Y, por supuesto, viviremos una de las experiencias más curiosas de Madeira: los famosos Carreiros do Monte, los tradicionales trineos de mimbre que descienden por las calles de Funchal.

También subiremos en funicular hasta Monte, disfrutando desde las alturas de las vistas sobre la ciudad y el océano, y entraremos en el espectacular Monte Palace Madeira, un jardín botánico lleno de vegetación exótica, tintes orientales, estanques llenos de peces de colores y flamencos, esculturas y rincones que parecen sacados de otro continente. Funchal será mucho más que nuestra base: será nuestra primera toma de contacto con el carácter de la isla.

Uno de nuestros primeros recorridos nos llevará hacia el extremo oriental de Madeira, donde el paisaje cambia radicalmente y la isla parece querer recordarnos que estamos en pleno Atlántico. Llegaremos al Miradouro da Ponta do Rosto, en la península de São Lourenço, para contemplar los acantilados y esa sensación de estar literalmente en el borde del mundo.

Continuaremos hacia el norte para descubrir algunos de los pueblos y paisajes que hacen de Madeira un destino tan especial. Pasaremos por Santana, famosa por sus pequeñas casas tradicionales de tejados de paja que parecen sacadas de una fábula infantil

Continuaremos hacia São Vicente, uno de los pueblos más bonitos del norte, rodeado de montañas verdes y valles profundos. Madeira empieza aquí a enseñarnos una de sus grandes virtudes: en cada curva nos regalará un paisaje diferente.

Seguiremos recorriendo la espectacular costa norte hasta llegar a Seixal, uno de esos lugares que parecen diseñados expresamente para una fotografía. Montañas verdes cayendo hacia el Atlántico, palmeras, acantilados y su característica playa de arena negra forman un escenario difícil de olvidar.

Después continuaremos por una de las carreteras más bonitas de la isla hasta el Miradouro do Véu da Noiva, desde donde contemplaremos la famosa cascada que se precipita directamente hacia el océano. Será un recorrido en el que el propio trayecto tendrá tanta importancia como las paradas: túneles, cascadas, paredes volcánicas, vegetación exuberante y el Atlántico acompañándonos constantemente. Porque en Madeira muchas veces no sabes si debes mirar hacia el destino… o simplemente hacia la carretera que estás recorriendo.

Y de la costa nos trasladaremos en uno de los lugares más mágicos de la isla: el bosque de Fanal. Aquí cambiaremos completamente de escenario. Dejaremos atrás el océano para entrar en un paisaje de árboles centenarios, niebla, musgo y enormes ejemplares de laurisilva que parecen sacados de una película fantástica. Y si tenemos la suerte de encontrar Fanal cubierto por la niebla, mejor todavía: será uno de esos momentos del viaje que probablemente recordaremos durante mucho tiempo.

Pero si hay una experiencia que representa la esencia natural de Madeira, esa es la de caminar por una levada. Nos acercaremos a la famosa Levada das 25 Fontes, una de las rutas de senderismo más conocidas y espectaculares de la isla. Caminaremos entre la vegetación de la Laurisilva, siguiendo los antiguos canales de agua y avanzando por un paisaje de túneles, paredes cubiertas de musgo, cascadas y pequeñas corrientes de agua.

No se trata de una excursión de alta montaña ni de una aventura extrema: es una experiencia de naturaleza que nos permitirá descubrir de cerca por qué Madeira es uno de los grandes destinos europeos para el senderismo. Y al llegar a las cascadas, tendremos esa recompensa que solo se obtiene después de haber caminado hasta ella.

Después de la montaña y el bosque llegará el momento de cambiar las botas por el bañador. Nos dirigiremos hacia Porto Moniz, para disfrutar de uno de los grandes atractivos naturales de Madeira: sus famosas piscinas naturales de origen volcánico. Aquí podremos bañarnos en aguas atlánticas protegidos por las formaciones de lava que crean estas piscinas, mientras las olas rompen a nuestro alrededor. Es una de esas experiencias que resumen perfectamente Madeira: naturaleza volcánica, océano y un paisaje espectacular en el mismo lugar. Después tendremos tiempo para disfrutar tranquilamente del entorno y recuperar fuerzas.

También reservaremos espacio para descubrir la Madeira más pequeña y coqueta. Visitaremos Ponta do Sol, probablemente uno de los pueblos con más encanto de toda la isla, con sus casas blancas, flores, pequeñas calles y el océano como protagonista.

Continuaremos hacia Jardim do Mar, un diminuto pueblo de callejuelas, palmeras y casas tradicionales que parece construido para ser fotografiado. Serán paradas más relajadas, de pasear sin prisas, tomar algo, hacer fotografías y disfrutar de esa sensación tan agradable de descubrir lugares que no necesitan grandes monumentos para resultar especiales.
En la costa sur nos espera Câmara de Lobos, un precioso pueblo marinero alrededor de una pequeña bahía donde todavía se respira la tradición pesquera de Madeira.

Pasearemos por sus calles y por el puerto antes de continuar hacia uno de los miradores más impresionantes de la isla: Cabo Girão. Allí nos asomaremos a su famosa plataforma de cristal, situada a gran altura sobre el océano, para contemplar la costa desde una perspectiva sencillamente espectacular.

Y todavía nos quedará una última sorpresa en el interior de la isla. Nos adentraremos en las montañas para llegar hasta Curral das Freiras, un pequeño pueblo escondido en un valle rodeado por enormes paredes volcánicas. El paisaje cambia de nuevo y nos encontraremos con una Madeira mucho más montañosa, profunda y espectacular. Pasearemos por el pueblo y disfrutaremos de las vistas, entendiendo por qué este rincón está considerado uno de los paisajes más pintorescos de la isla.

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